Nada en particular






July 2, 2005

El fin del mundo

Hace apenas un lustro, cuando aún no disponía de conexión a Internet en mi casa, yo era más o menos feliz, me sentía más o menos seguro, tenía más o menos esperanzas en un futuro mejor. Eso era antes, y yo antes era más o menos ignorante.

Qué tranquilo se duerme sin saber nada de cosas como Echelon, el TCPA/Palladium, la SGAE, las patentes de software, etc…

En cuanto te enteras de como se parece el mundo actual, al que describía Orwel en 1984, como cada vez somos más consumidores y menos personas y como se nos limitan las libertades con la excusa de que “es por nuestro bien”, empiezas a ver el futuro con menos optimismo.

Ahora podré parecer un progre pasado de vueltas luchando por la revolución del proletariado, pero nada más lejos de la realidad. Todas estas cosas tienen consecuencias muy negativas en la vida diaria, no creamos que vivir en la ignorancia nos hará más felices. Todo este movimiento del “no pienses, consume”, conlleva tragar con cosas harto desagradables como Gran Hermano, los discos de David Bisbal, el canon de los CDR, Windows, etc…

Cosas tan molestas como por ejemplo que no puedas ver/escuchar ese CD/DVD que te acabas de comprar, porque alguien ha puesto un sistema anticopia (me ha pasado con ambos medios), o que el reproductor MP3 o el PC no te dejen copiar archivos porque pueden estar protegidos, etc…

Pues sí, lo peor es que no solo nos añaden molestias innecesarias en el día a día, sino que nos hacen pagar por ellas (parece que las discográficas invierten mucho más en sistemas anticopia inútiles que en grupos con talento) y además lo tenemos que hacer con una sonrisa, porque “es por nuestro bien”.

Uno llega fácilmente a la conclusión de que la protección es mala, y más si uno no puede escoger ser protegido.
Ahora viene cuando se piensa eso de que, si yo soy bueno, si yo compro todos los discos legalmente, si yo no uso el emule… ¿por qué tendría que tener miedo al vigilante?. Pues muy sencillo, porque no hay nadie que vigile al vigilante, y por tanto no hay forma de saber si el vigilante es alguien peligroso… y suele serlo.

¿Quién te asegura que Microsoft no ha incluido una opción en su flamante Windows Longhorn para que, al presionar un botón rojo en el despacho del Sr. Gates, todos los sitemas de armamento que corren bajo Windows empiezen a disparar? Me diréis paranoico, pero no me podréis refutar la afirmación. Y más si el propietario de la empresa es alguien que llama a su producto estrella “Cuerno Largo”.

Y entonces qué, ¿no hay salvación posible?, ¿acabaremos en el mundo que describe Orwell?, ¿adoraremos a la Coca Cola dentro de unos años? Pues nadie puede asegurarlo, porque el futuro depende de nosotros (cada vez menos pero todavía un poco).

Existen cosas como el software libre, que sí garantiza que Linus no tiene el botón rojo en su despacho para acabar con el mundo, y también existen grupos que intentan crear un mejor modelo de acceso a la cultura, y existe la posibilidad de que la voz de cualquier persona se oiga por todo el mundo, desde un estudiante durante el asedio de Iraq a mí mismo ahora, en mi habitación.

Hay motivos para la desesperanza, pero también se ve un poco de luz al final del tunel. Estamos ante una encruzijada tecnológica, que determinará el mundo en que viviremos mañana. Internet nos da una poderosa voz para expresar nuestas opiniones y disentir del rumbo que está tomando todo, pero debemos emplearla de forma efictiva.

De nosotros depende.

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