El valor de la privacidad
Después de los atentados de Londres, Tony Blair ha aprovechado para recuperar su propuesta de control de e-mails, llamadas e incluso SMS, vulnerando así el derecho a la privacidad de las comunicaciones.
Como siempre, todo esto “es por nuestro bien”, para luchar contra la amenza terrorista. Claro que, me surge la duda de si unos entramados terroristas tan complejos, sofisticados y preparados tecnológicamente, no harán uso de técnicas al alcance de cualquiera como la criptografía o la esteganografía.
El simple uso de cualquier técnica de ocultación de mensajes hace computacionalmente inviable la detección de amenazas terroristas mediante el control indiscriminado de todo el tráfico de comunicaciones de un país desarrollado (no hablemos de un continente entero). Hoy en día, la intervención de las comunicaciones sólo es útil cuando el radio de búsqueda se reduce a unas pocas personas, y para eso hay que estar ya sobre la pista, y si se está sobre la pista, ya se tienen sospechosos, y si se tienen sospechosos, hay base para que un juez autorice una investigación, y si un juez autoriza esa investigación, es legal la intervención de las comunicaciones, así que ¿porqué hay que controlar indiscriminadamente las comunicaciones de todo el continente?
Bueno, pasa que a los gobiernos les conviene conocer ciertos tipos de información, los poseedores de la cual no harán uso de técnicas de oultación, basicamente porque no hacen nada ilegal. Comunicaciones privadas como lo que piensan los grupos opositores o los negocios que puedan beneficiar a los mecenas del partido en el poder.
Pero lo que más preocupa de todo, es que tus intimidades pasan a estar almacenadas en un resgistro, que a la mínima puede caer en manos de los bancos, alguna aseguradora, el supermecado, Microsoft, tu peor enemigo o tu vecino. Uno piensa que todos tenemos un derecho universal a la intimidad, a la inviolabilidad de nuestras comunicaciones, pero resulta que es sólo hasta que encuentren una excusa suficientemente buena para invadírtela.
En este mundo moderno parece que no valoramos suficientemente la privacidad, sólo basta con encender el televisor para oir como pelandruscas de diversa calaña relatan con todo detalle sus escarceos sexuales, como cobran por ello, y como obtienen fama a cambio de este hecho. El ser humano es voyeur por naturaleza, el cotilleo es una de las formas más antiguas de interacción social, y Gran Hermano evita tener que espiar al hijo de la vecina a ver quien trae a casa.
Pero dejando a un lado todas estas banalidades, la privacidad permite algo importantísimo en nuestras vidas: la intimidad. En el mundo globalizado en que vivimos, tan alienado, la intimidad es ese pequeño refugio que nos sirve para evadirnos de todo lo demás, conservar la cordura y recuperar un poco las riendas de nuestra vida,
El hombre es un animal social, y si hay dos cosas necesarias para la salud mental, son las relaciones humanas y la intimidad, no dejémos que nos las roben.






