Sobre la clonación terapéutica
Atención: este artículo contiene spoilers de la película La Isla
Estos días está en cartel la última película de Michael Bay: La Isla. La película trata sobre un grupo de personas que viven en una sociedad “perfecta”, totalmente automatizada, aisladas del mundo exterior a causa de la contaminación que lo inunda. En este lugar se celebran unos sorteos para ir a “La Isla”, un lugar paradisíaco, ultimo reducto de la tierra sin contaminación. Pero nada es tan bonito, y esas gentes resultan ser realmente clones de personas del mundo real, que viven aïslados para evitar que se conozca que “el viaje a la isla” consiste en ser descuartizado para obtener órganos sanos que transplatar a los clientes (gente rica y famosa) de la corporación que mantiene el engaño.
La película no es más que otra vuelta de tuerca al tema de la clonación con fines terapéuticos, que recordando bastante a Minority Report, peca de sus mismos excesos visuales. Por otra parte la película en sí es un gran ejemplo de product placement, donde se integran con bastante coherencia, anuncios de: Puma, X-Box, MSN Search, Calvin Klein, Ben & Jerry’s, Chrisler, etc…
Por otra parte, el mensaje de la película tiene lecturas a dos niveles, en este artículo nos centraremos en la reflexión obvia sobre la ética de la clonación con fines terapéuticos. En la película, el clon “nace” ya en la edad adulta, lo que pone de manifiesto el dilema que se plantea actualmente la bioética: ¿dónde comienza la vida? ¿dónde un embrión puede considerarse un ser humano? En la película, cuando tienen que desechar los productos defectuosos, éstos no son embriones minúsculos en hibernación, sino que són seres humanos desarollados. Suponiendo que los filósofos y los científicos consigan ponerse de acuerdo en este punto, la solución intersubjetiva no tiene por que ser la correcta, ¿quién tiene el poder de decidir cuándo empieza la vida?
Pero incluso una vez superado ese escollo, si bien parece razonable conseguir con la técnica actual tejidos sanos compatibles con el receptor, parece más complejo obtener órganos completos, si no es mediante la engendración de un ser humano. En “La Isla”, se explica que los científicos iniciaron la experiencia con “los productos” en estado vegetativo, pero eso producía organos que eran rechazados. Una vez se normalice la clonación terapéutica tal como la conocemos ahora, ¿cuánto tardaremos en plantearnos una factoría de clones como la que plantea la película? Ahora nos parece algo abominable (y lo es), pero cuándo es tu vida la que está en juego todo vale (¿o no?).
Los clones, cidadanos de segunda, son desechados haciéndoles entrar en algo que recuerda un vagón, mientras preguntan si saben que los tienen que llevar a la isla, que por qué no les dejan coger los equipajes. Están entrando en una cámara de gas. Es una escena bastante evocadora de pasajes recientes de nuestra historia.
Me gustaría que fueramos lo suficientemente cuerdos para no llegar a estos extremos, pero visto de lo que es capaz el ser humano, me temo que “La Isla” no hace más que novelar un “futuro probable”. A los hechos me remito.






